Tumores ginecológicos, se diagnostican 30 casos por día en Argentina

Los especialistas llaman a aumentar el conocimiento y la visibilidad sobre cinco tipos de cáncer que afectan a las mujeres: cuello uterino, endometrio, ovario, vulva y vagina.
Al hablar de cáncer en la mujer, gran parte de la conversación pública suele concentrarse en el cáncer de mama, pero existe otro grupo de enfermedades que en conjunto genera una carga considerable: los tumores ginecológicos, principalmente los de cuello uterino, cuerpo del útero -donde se origina la mayoría de los cánceres de endometrio-, ovario, vulva y vagina.
En el marco del Día Mundial de los Tumores Ginecológicos, que se conmemora cada 20 de septiembre, se busca aumentar el conocimiento sobre estas enfermedades, favorecer su prevención cuando es posible y promover la consulta oportuna.
De acuerdo a las últimas estimaciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud, en Argentina se diagnostican cada año cerca de 4.679 casos de cáncer de cuello uterino, 2.768 de cuerpo uterino, 2.765 de ovario, 372 de vulva y 223 de vagina: en conjunto representan unos 10.800 nuevos casos por año, casi 30 por día.
Las diferencias entre estos tumores son importantes porque el cáncer de cuello uterino cuenta con herramientas concretas de prevención: la infección persistente por determinados tipos del virus del papiloma humano (VPH) es responsable de casi todos los casos y existen tanto vacunación contra el VPH como estrategias de detección de lesiones precancerosas mediante el test de VPH y el Papanicolaou. En Argentina, la vacuna contra el VPH integra el Calendario Nacional de Vacunación.
Otros tumores plantean desafíos diferentes: en el cáncer de endometrio, por ejemplo, uno de los signos de alarma más característicos es el sangrado uterino anormal; particularmente, cualquier sangrado que aparezca después de la menopausia requiere consulta médica.
“Mientras el cáncer de mama cuenta desde hace décadas con campañas masivas de concientización y una herramienta de detección ampliamente conocida por la población como la mamografía, y el cáncer de cuello uterino dispone de estrategias de prevención como la vacunación y el tamizaje, el cáncer de ovario enfrenta un desafío particular: no existe aún un método de detección temprana recomendado para la población general asintomática”, sostuvo el Dr. Augusto Ferreyra Camacho, médico oncólogo clínico, staff del Hospital Universitario Austral.
Por su lado, María de San Martín, directora ejecutiva de Fundación Donde Quiero Estar (FDQE), señaló: “Esto refuerza el valor del acceso a la información. Frente a otros tipos de cáncer, la sociedad ha incorporado mensajes muy claros sobre prevención y controles, pero en el caso del cáncer de ovario todavía necesitamos instalar la conversación. No para generar temor, sino para que las mujeres conozcan su cuerpo y sepan que determinados cambios persistentes merecen una consulta médica sin demoras”.
El cáncer de ovario
El cáncer de ovario también presenta otra dificultad: sus síntomas pueden ser poco específicos y confundirse con trastornos digestivos, urinarios o molestias frecuentes. Entre las manifestaciones que pueden aparecer se encuentran la distensión o el aumento persistente del volumen abdominal, el dolor o la presión abdominal o pélvica, la sensación de saciedad temprana o dificultad para comer, cambios en el hábito intestinal y síntomas urinarios.
Los antecedentes familiares también son relevantes. Algunas alteraciones genéticas hereditarias, entre ellas las asociadas a los genes BRCA1 y BRCA2, pueden aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de ovario, por eso, conocer y comunicar al médico los antecedentes familiares de cáncer de ovario y de mama puede ayudar a identificar a quienes requieren una evaluación específica.
“Una molestia abdominal aislada es extremadamente frecuente y en la enorme mayoría de los casos no significa cáncer. Lo que debe llamar la atención es un síntoma nuevo para esa persona, que aparece de manera reiterada, persiste o se intensifica. Frente a ese escenario, la recomendación es consultar y no naturalizarlo durante meses”, explicó el Dr. Ferreyra Camacho.
Asimismo, De San Martín agregó: “Necesitamos que hablar de salud ginecológica deje de generar incomodidad. Aún hay mujeres que postergan una consulta porque minimizan un sangrado, una molestia pélvica o porque les cuesta hablar del tema. La concientización también consiste en derribar barreras y habilitar conversaciones que pueden ser determinantes para llegar antes al diagnóstico”.
A todo esto, se suman barreras estructurales de acceso a la atención que son estudiadas en profundidad por FDQE a través de su Mapeo de Personas con Cáncer (MAPEC), entre ellas, la distancia a centros especializados, las demoras entre la primera consulta y los estudios diagnósticos y las dificultades para dar con especialistas en oncología ginecológica y, una vez confirmado el diagnóstico, acceder a los tratamientos indicados pueden generar recorridos muy diferentes entre pacientes.
Este tipo de cáncer no se trata igual que hace 10 años. Hoy, mediante estudios genéticos sobre la biopsia, se puede conocer características del tumor de ovario y existen tratamientos más específicos. La cirugía y la quimioterapia siguen siendo pilares, pero hoy existen también tratamientos antiangiogénicos y terapias dirigidas para determinadas pacientes que recaen a la quimioterapia.
La innovación empieza con conocer mejor el tumor: pruebas como BRCA, HRD y receptor de folato alfa (FRα) ayudan al equipo médico a identificar opciones de tratamiento más específicas.
“Hoy contamos con más herramientas que años atrás, pero para aprovecharlas es fundamental que pueda accederse oportunamente al circuito adecuado. Es fundamental conocer las alteraciones moleculares para poder realizar terapias dirigidas, tanto desde el diagnóstico de la enfermedad como en la recaída; las mismas se realizan mediante pruebas genéticas y moleculares”, señaló el oncólogo.
Fuente: NA



